Así es más fácil, si los números mienten la verdad paga las cuentas y el FMI compra los espejitos de colores.
La estrategia financiera del Gobierno para sostener el superávit fiscal a rajatabla ha dejado de ser una excepción para convertirse en un “modus operandi” sistémico que enciende alarmas en los mercados. Bajo la premisa de mantener saldos positivos cada mes, la administración nacional ha incrementado significativamente la llamada deuda flotante, que representa la diferencia entre los gastos ya devengados por bienes y servicios y aquellos que efectivamente fueron abonados por el Tesoro. Esta metodología de “pisar” pagos y postergar devoluciones impositivas busca exhibir una solidez en las cuentas públicas que, según diversos analistas, oculta una creciente tensión financiera.
Los datos oficiales de la Tesorería General de la Nación son contundentes al respecto: marzo cerró con pasivos pendientes por 4,04 billones de pesos, lo que representa un salto abrumador frente a los 1,95 billones registrados al finalizar febrero. Si se ajustan las cifras por estacionalidad, el incremento interanual alcanzó el 13,5%, mientras que la variación mensual sin considerar factores estacionales trepó al 28,3%. Los rubros más afectados por esta postergación de pagos son las transferencias y el segmento de bienes y servicios, áreas críticas que incluyen desde energía hasta fondos destinados al transporte.
Este mecanismo permitió al Gobierno cumplir con las metas del Fondo Monetario Internacional en un contexto donde la recaudación fiscal sufrió una caída del 8% durante el primer trimestre. Sin embargo, los expertos advierten que el ancla fiscal queda bajo la lupa, ya que la sostenibilidad del superávit parece depender más de la demora en los pagos a proveedores que de una reforma estructural del gasto. Mientras el Ejecutivo apuesta a esta disciplina para recuperar credibilidad internacional, la acumulación de facturas impagas comienza a manifestarse en una proliferación de protestas en diversas áreas del Estado, poniendo en duda la viabilidad de este esquema de flujo de caja hacia el futuro.
