¿Segundo tiempo?

En tiempos de mirar para adentro, pensar y debatir el PRO imagina un armado político que resucite a Juntos por el Cambio.

 

El tablero político argentino ha comenzado a registrar movimientos sísmicos que apuntan directamente hacia el 2027. Mauricio Macri, actual presidente del PRO y figura ineludible de la oposición, ha puesto en marcha un operativo de despliegue territorial que muchos interpretan como el cimiento de una eventual candidatura presidencial.

Esta hoja de ruta, que combina la reconstrucción de su propia fuerza con el tejido de alianzas estratégicas con la Unión Cívica Radical, busca devolverle el protagonismo central en un escenario dominado por la irrupción de Javier Milei y las tensiones internas de una coalición que intenta sanar sus heridas.

El puntapié inicial de esta estrategia federal tendrá lugar la próxima semana con una gira por el litoral argentino. Macri visitará Chaco y Corrientes, donde mantendrá encuentros de alto voltaje político con los gobernadores Leandro Zdero y Gustavo Valdés. Estas reuniones no son casuales; representan un reconocimiento a los territorios donde el radicalismo y el PRO han logrado mantener una convivencia pragmática y exitosa. Para Valdés, el liderazgo de Macri sigue siendo la columna vertebral que podría unificar a Juntos por el Cambio, admitiendo incluso que en la contienda pasada el expresidente debió haber sido el candidato natural para evitar la dispersión que terminó beneficiando a La Libertad Avanza.

Sin embargo, el camino hacia la consolidación no está exento de obstáculos. Antes de su viaje al interior, Macri será la figura central en la cena de la Fundación Pensar, organizada por María Eugenia Vidal. Este evento se presenta como un termómetro del “humor amarillo” y un espacio para definir lo que el líder denominó en Parque Norte el “próximo paso”.

En el búnker macrista existe una preocupación latente por la situación económica y los indicadores de humor social que afectan al gobierno nacional. Si bien Macri mantiene un respaldo institucional hacia la gestión de Milei, sus allegados reconocen que observa con ojo crítico las denuncias que salpican al entorno presidencial y la fragilidad de la gestión en áreas clave.

La estrategia legislativa del PRO también refleja este distanciamiento preventivo. Bajo la conducción de Cristian Ritondo en la Cámara de Diputados, el bloque ha decidido no inmolarse para defender cada iniciativa o funcionario del oficialismo, buscando una identidad propia basada en proyectos vinculados a la producción y el desarrollo tecnológico. Esta autonomía es vital para Macri, quien entiende que para volver a ser una opción competitiva en 2027 debe ofrecer una alternativa de gestión superadora que no quede mimetizada con el ajuste libertario.

En este complejo ajedrez, el rol de otros gobernadores radicales como Maximiliano Pullaro resulta determinante. Aunque desde algunos sectores de la UCR se desmiente un apoyo cerrado a cualquier candidatura prematura, la fluida comunicación entre el mandatario santafesino y el expresidente sugiere que la idea de una unidad bajo el liderazgo de Macri no es una fantasía, sino una posibilidad que se baraja en las mesas chicas.

Macri sabe que el tiempo es su aliado si logra reconstruir el músculo político de su partido en provincias críticas como Córdoba y Tucumán, devolviendo al PRO esa vocación de poder que parece haber quedado en pausa. La carrera hacia el Sillón de Rivadavia ha comenzado, y el ingeniero ya está en la pista.

 

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