El milagro de las jubiladas mágicas

Mientras el país ensaya el ayuno voluntario por falta de presupuesto, el Gabinete Nacional descubre que la libertad no solo avanza, sino que se hipoteca con ternura y se ajusta con un 100% de aumento “solidario”.

 

Argentina es ese país fascinante donde las leyes de la lógica y las de la decencia suelen tomarse vacaciones prolongadas. Hoy asistimos a un fenómeno que dejaría a los alquimistas medievales en la quiebra: la transmutación del discurso del “no hay plata” en el “hay plata, pero solo para nosotros”.

El caso de Manuel Adorni debería estudiarse en las facultades de finanzas, no por su técnica, sino por su capacidad de inspirar una generosidad geriátrica sin precedentes. Según la declaración de la escribana Adriana Nechevenko, el Jefe de Gabinete habita un coqueto departamento en Caballito obtenido mediante una hipoteca que es, esencialmente, un cuento de hadas contable.

Imagine usted, querido lector que cuenta los centavos para llegar al jueves, que dos jubiladas —esas figuras que el Gobierno protege con el rigor del hambre— deciden cederle una propiedad sin conocerlo y, lo que es mejor, sin cobrarle un solo peso de interés. En un país donde la tasa de interés suele ser el principal enemigo de la existencia, Adorni ha encontrado el Santo Grial: el crédito “Abuelitas Corazón”. Es conmovedor. Mientras el jubilado promedio elige entre el genérico para la presión o el kilo de arroz, estas dos benefactoras anónimas decidieron que lo más urgente era asegurar el techo del hombre que, cada mañana, nos explica con tono cansino porque somos pobres.

Pero no teman por la solvencia del vocero devenido en ministro. Aquel sacrificio de tener los salarios “frizados” —esa medalla de austeridad que el Gabinete lució como un cilicio durante meses— llegó a su fin el 2 de enero de 2026. Como si de una profecía bíblica se tratara, el hielo se derritió y lo que brotó fue una primavera de billetes.

Mientras el Presidente y la Vicepresidenta mantienen el gesto heroico de no aumentarse, el resto de la plana mayor libertaria recibió incrementos que superan el 100%. Es una justicia poética: Adorni ahora podrá pagar las cuotas de su departamento de más de 200.000 dólares con el aumento que el propio Estado le otorga para compensar el “deslomarse”. Es el círculo perfecto de la economía circular: yo te ajusto, vos sufrís, yo me aumento y las jubiladas, que no me conocen, me prestan la plata.

La comparación con el pasado resulta inevitable, aunque el resultado sea igualmente deprimente.

En la era de Cristina vivíamos en la alucinación de la emisión descontrolada. El papel moneda sobraba pero no valía nada; sentíamos que teníamos billetes en el bolsillo mientras el poder adquisitivo se deshacía como azúcar en el agua. Era la fiesta de la ilusión monetaria.

En la era de Milei, mientras tanto, ya no se emite, la inflación baja por la paz de los cementerios y el peso es un bien escaso. Sin embargo, la plata alcanza todavía menos. El rigor fiscal es una religión que solo permite milagros para el clero oficialista.

 

“En el kirchnerismo nos ahogábamos en un mar de pesos de juguete; hoy morimos de sed en un desierto de moneda dura, observando desde la duna cómo el Gabinete brinda en un oasis con un 100% de aumento salarial.”

La realidad argentina de 2026 se resume en una postal cruel: mesas flacas donde la proteína es un recuerdo lejano, trabajadores que ven cómo su productividad se licúa en un Excel ministerial, y un Jefe de Gabinete que, entre conferencia y conferencia, acomoda los muebles de un piso de lujo obtenido con la “caridad” de quienes menos tienen.

Al final, parece que la “casta” no desapareció; simplemente cambió la marca del traje y aprendió a pedirle plata a las abuelas para no tener que usar la suya. Fin.

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