El estratega clave del PRO y actual secretario ejecutivo del partido analiza el rol de Mauricio Macri en la reconstrucción del espacio. Asegura que la etapa de la “demolición” del pasado debe dar lugar a los “cimientos” de una propuesta superadora, enfocada obsesivamente en el futuro.
En el tablero político argentino, pocos conocen los hilos del pensamiento de Mauricio Macri como Fernando de Andreis. Quien fuera Secretario General de la Presidencia entre 2015 y 2019, hoy ocupa un rol neurálgico como Secretario Ejecutivo del PRO, la pieza que articula la estructura partidaria con la visión estratégica del expresidente. En un contexto de reconfiguración de fuerzas dentro de la centroderecha, De Andreis marca una hoja de ruta clara: el PRO no puede vivir de la nostalgia, sino de la capacidad de ofrecer una respuesta a los problemas que aún persisten.
Para De Andreis, el movimiento actual no es una simple interna, sino una refundación necesaria. “Es el lanzamiento de algo nuevo, a partir del orgullo que tenemos por lo que hicimos, entender que lo que hicimos bien, muy bien o excelente es lo que nos trajo hasta aquí, y lo que hicimos mal también nos trajo hasta acá”, define con una sinceridad que busca reconciliar al partido con su propio electorado.
El dirigente subraya que el capital político del PRO no es un cheque en blanco basado en el pasado, sino una apuesta a futuro que los ciudadanos validarán en las urnas. Bajo esta premisa, la identidad del partido debe mutar hacia una propuesta ejecutiva y resolutiva. “A nosotros nos van a votar por lo que los argentinos crean que podemos hacer. Vamos a poner obsesivamente el foco en el futuro, en lo que Mauricio llamó el próximo paso”, afirma.
Ese concepto del “próximo paso” se ha convertido en el mantra de la mesa chica macrista. No se trata solo de una consigna electoral, sino de un diagnóstico sobre la profundidad de la crisis estructural de Argentina. “El próximo paso es hacerse cargo de lo que falta y cuando uno habla de las cosas que faltan, de ninguna manera está hablando del gobierno, porque tampoco podemos pedirle Milei que resuelva en dos años problemas que llevan décadas”, aclara De Andreis, marcando una distancia prudencial pero colaborativa con la gestión actual.
La metáfora arquitectónica es constante en el discurso del secretario ejecutivo. Según su visión, el país ha atravesado una fase necesaria de desmantelamiento de estructuras arcaicas, pero esa etapa está agotando su ciclo de paciencia social si no se vislumbra qué se construirá encima.
“Nosotros acompañamos la demolición de lo que estaba mal, pero hoy, después del esfuerzo que está haciendo la gente para cambiar y vemos lo que cuesta, hay que empezar a hablar de los cimientos de lo que se va a construir, los argentinos quieren algo nuevo”, sostiene De Andreis. Esta frase encierra una advertencia implícita: el apoyo al cambio es resiliente, pero exige resultados tangibles y una visión de país que vaya más allá del ajuste.
La gran incógnita que recorre los pasillos de la política es qué lugar ocupará Mauricio Macri en los turnos electorales venideros. De Andreis, su hombre de máxima confianza, prefiere la cautela, aunque reafirma la centralidad del exmandatario.
“Mauricio es el jefe del PRO, es parte de la reconstrucción, aún es temprano para hablar de candidaturas, hay que ver el lugar que él elige para estar”, explica. Para el círculo íntimo del PRO, la figura de Macri trasciende una boleta electoral; se trata de una garantía de identidad para un partido que busca no ser absorbido por otras fuerzas.
De Andreis recuerda la consistencia del expresidente desde que dejó el poder: “Cuando se fue de la Casa Rosada en 2019, prometió que iba a estar, y acá está”. Con esta declaración, refuerza la idea de un liderazgo presente que, lejos de jubilarse, pretende ser el arquitecto de la nueva etapa del centroderecha en Argentina.
Mientras la dirigencia del PRO diseña su estrategia, el clima social ofrece un panorama de claroscuros. En la calle, la percepción de la gente mezcla una esperanza desgastada con una exigencia de soluciones inmediatas. Muchos de quienes votaron por un cambio profundo valoran la “demolición” de las viejas estructuras políticas a las que alude De Andreis, pero empiezan a manifestar síntomas de fatiga ante el costo económico del proceso.
Las encuestas y el pulso social indican que el electorado del PRO valora la experiencia de gestión del partido, pero demanda una renovación de caras y métodos. Existe una franja importante de la sociedad que mira con respeto la figura de Macri como “el iniciador” del cambio, aunque se debate entre si su rol debe ser el de un mentor sabio o el de un protagonista en la primera línea de fuego. En definitiva, el éxito de la estrategia de De Andreis dependerá de si el PRO logra convencer a esos argentinos de que son, efectivamente, los arquitectos capaces de levantar los “cimientos” sobre los escombros de la crisis.
