Máquinas en pausa

Crónica de un declive anunciado, la UIA advierte que la producción industrial sigue a la baja.

 

La industria argentina no logra quebrar la inercia negativa y profundiza su parálisis en un escenario de debilidad estructural que ya se extiende por más de un año.

Según el último relevamiento de la Unión Industrial Argentina, la actividad fabril volvió a retroceder en febrero, registrando una caída interanual cercana al 3% y una contracción del 0,8% respecto a enero.

Estos indicadores sitúan al aparato productivo nacional en niveles alarmantes, operando un 10% por debajo de los registros de 2022 y 2023, lo que confirma un estancamiento que no encuentra piso pese a los intentos de estabilización macroeconómica.

El informe de la entidad fabril advierte que la producción manufacturera sigue afectada por una combinación de factores internos y externos. La fragilidad del consumo doméstico se suma a una demanda externa que no tracciona, especialmente desde Brasil, el principal socio comercial. Las exportaciones hacia el país vecino cayeron un 2,6% en febrero, impactadas fundamentalmente por el sector automotriz, que sufrió una baja mensual del 8,1%.

Esta dinámica es especialmente crítica si se considera que los vehículos y autopartes representan casi la mitad del intercambio bilateral.

Desde el arco político, referentes económicos del PRO han manifestado su preocupación por la persistencia de estos datos. Luciano Laspina, uno de los principales asesores en materia económica del espacio, señaló que “la industria está pagando el costo de una incertidumbre regulatoria que frena las decisiones de inversión de largo plazo”.

Según su visión, sin una reforma laboral profunda y una baja real de la presión impositiva, será imposible que sectores como la metalmecánica o el textil recuperen la competitividad perdida. En la misma línea, Hernán Lacunza subrayó que “el bache productivo refleja la dificultad de la economía para normalizar los flujos de insumos importados y la falta de un horizonte claro de crecimiento que estimule la demanda interna”.

El desglose sectorial muestra un panorama heterogéneo pero mayoritariamente contractivo. El acero cayó un 11% y el sector de bebidas retrocedió un 5,2%, mientras que rubros como la indumentaria, el cuero y el calzado arrastran desplomes superiores al 20%. En la construcción, los despachos de cemento bajaron un 1,8%.

Existen, sin embargo, algunos islotes de crecimiento sostenidos por la energía y el agro. La refinación de petróleo mejoró un 2,2% gracias al impulso de Vaca Muerta, y el sector químico creció un 7,2% debido a la demanda de agroquímicos. No obstante, estos brotes verdes no alcanzan para compensar la caída generalizada. Para los economistas del PRO, la recuperación no será genuina hasta que la macroeconomía ofrezca señales de previsibilidad que permitan transformar el rebote estadístico en un proceso de expansión industrial sólido y sostenible en el tiempo.

 

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