El mercado laboral atraviesa un túnel oscuro con futuro incierto producto de un plan económico que sólo mira la macro e ignora a los sectores pequeños y medianos de la producción.
Argentina atraviesa una tormenta perfecta que amenaza con desarticular su tejido social y productivo: la parálisis de la microeconomía frente al ajuste macroeconómico. Mientras el Gobierno celebra el ordenamiento de las variables financieras, el sector de las pequeñas y medianas empresas, pymes, motor histórico del mercado interno, denuncia un escenario de asfixia que está destruyendo el empleo registrado. Esta parálisis no es un simple dato estadístico, sino una realidad que golpea al corazón de la clase media, donde el temor a perder el puesto de trabajo se ha vuelto una constante ante la caída vertical del consumo y el aumento desmedido de los costos operativos.
La paradoja de una economía que viaja a dos velocidades es evidente. Por un lado, los sectores extractivos y financieros muestran señales de vigor, pero su capacidad para generar puestos de trabajo masivos es limitada. Por el otro, la industria manufacturera y el comercio se hunden en un cuello de botella logístico y tributario. Con cargas sociales que alcanzan el 60%, los empresarios advierten que es imposible contratar personal, transformando el derecho al trabajo en un privilegio inalcanzable. La falta de crédito productivo y la apertura comercial indiscriminada terminan de configurar un cuadro de “supervivencia” donde las fábricas, con su capacidad ociosa al límite, licúan capital para no cerrar sus puertas.
La ausencia de un diálogo real con los generadores de empleo ha dejado a la deriva un océano de informalidad que ya roza el 50% de la economía. Sin un modelo que priorice la producción nacional por sobre la especulación financiera, Argentina se enfrenta al riesgo de importar salarios ajenos mientras exporta su propio futuro. El diagnóstico es urgente: si no se atiende la salud del sector pyme, el orden fiscal será apenas el decorado de un país con movilidad social descendente y una clase media en peligro de extinción.
Desde la oposición economistas del PRO como Hernán Lacunza proponen la modernización laboral, la reforma del gobierno hoy está frenada por la justicia, bajar impuestos al trabajo y fomentar el empleo joven.
Estas propuestas junto al apoyo a las pymes impulsan la inversión y crean empleo genuino.
