“Sí, hay plata”

El pragmatismo de la billetera: la metamorfosis del “no hay plata” ante la urgencia legislativa.

 

La administración de Javier Milei ha decidido archivar, al menos temporalmente, su mantra de austeridad absoluta para abrazar una de las herramientas más tradicionales de la política argentina: el auxilio financiero como aceite para los engranajes del Congreso.

En un giro que expone las contradicciones intrínsecas de un relato basado en la escasez extrema, el Gobierno habilitó un esquema de adelanto de coparticipación por hasta $400.000 millones destinado a 12 provincias.

Esta medida se presenta oficialmente como un mecanismo para “cubrir necesidades de liquidez”, pero en los pasillos de la Casa Rosada se reconoce que el movimiento tiene un peso político determinante.

El objetivo es nítido: garantizar los apoyos necesarios para avanzar con su agenda de reformas en un Parlamento que le ha resultado esquivo.

La paradoja es evidente, durante meses, el discurso oficial se sostuvo sobre la premisa inamovible de que las arcas del Estado estaban vacías, justificando así recortes drásticos en partidas sociales, obra pública y transferencias directas. Sin embargo, bajo la presión de una recaudación en caída libre y un clima social que empieza a crujir en los distritos del interior, el Ejecutivo parece haber encontrado el capital que antes negaba.

Según pudo saber El Republicano el esquema prevé giros anticipados para aliviar la caída de ingresos y evitar mayor endeudamiento, una estrategia que busca reactivar negociaciones para reunir votos en el Congreso.

La gestión de Milei admite implícitamente que la gobernabilidad tiene un costo fiscal y que, cuando las reformas de fondo están en juego, el rigor del déficit cero admite matices presupuestarios.

La situación en las provincias es, por cierto, delicada. El deterioro de los recursos es uno de los factores centrales que atraviesa a oficialistas y opositores por igual, con una pérdida significativa de ingresos en términos reales durante el primer trimestre del año. Ante gobernadores asfixiados por compromisos paritarios y gastos corrientes, el Gobierno confía en que este “alivio financiero” funcione como un bálsamo que ordene la relación fiscal. Los fondos, que deberán devolverse antes de fin de año con una tasa del 15%, notablemente inferior a los costos del mercado, operan como un crédito blando que la Nación otorga para disciplinar o, al menos, seducir a las administraciones locales. En definitiva, la narrativa del “no hay plata” ha chocado de frente con la realidad del poder: para transformar el Estado, primero hay que financiar la voluntad de quienes deben votar esa transformación.

 

 

 

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