La inflación de marzo fue del 3,4%, acumuló 9,4% en el primer trimestre del año y 32,6 % en los últimos 12 meses.
La economía argentina se encuentra atrapada en un ciclo de promesas incumplidas y una realidad asfixiante para el bolsillo. Pese al discurso optimista del presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo, quienes insisten en que el alivio está a la vuelta de la esquina, el dato de marzo del 3,4% confirma que la inflación no solo persiste, sino que se acelera. El rubro de los precios regulados lideró las subas con un impactante 5,1%, impulsado por los ajustes en las tarifas de servicios públicos, transporte y educación. Con un acumulado interanual del 32,6%, el país observa cómo el aumento del petróleo por el conflicto en Medio Oriente y los ajustes en combustibles pulverizan cualquier intento de estabilidad, sumándose a presiones estacionales como el inicio del ciclo lectivo.
En los primeros tres meses del año el índice trepó el 9,4 %.
El mal humor social crece en la misma proporción en que caen los salarios reales.
Mientras el Gobierno proyecta una desaceleración para abril, los analistas privados advierten que la presión logística seguirá empujando los precios al alza. El desfasaje entre el relato oficial y la góndola es total; la sociedad lucha contra una crisis que parece no tener techo frente a un poder adquisitivo que se desintegra día tras día.
