Mar de fondo

El FMI estima que el PBI de la Argentina crecerá menos de los calculado y la inflación de 2026 será más alta de lo previsto.

 

El “milagro argentino” parece haber encontrado un bache en los pasillos de Washington, justo cuando Luis Caputo prepara las valijas para otra excursión al Norte. El Fondo Monetario Internacional, ese viejo amigo que suele alternar palmadas en la espalda con rigurosos tirones de orejas, ha decidido aguarle la fiesta a la narrativa oficial con un recorte en las previsiones de crecimiento que se siente como un balde de agua fría en plena primavera financiera. Según el último informe de Perspectivas Económicas Globales, el PBI argentino se expandirá un 3,5% en 2026, una cifra que, aunque generosa para los estándares regionales, representa una poda de medio punto respecto a lo que el propio organismo soñaba hace apenas unos meses.

Pero el verdadero golpe de ironía llega por el lado de los precios. Mientras el discurso oficial se abraza a la desinflación como a una tabla de salvación, el FMI ha duplicado su apuesta sobre el costo de vida: del optimista 16,5% proyectado anteriormente, ahora saltamos a un 30,5% para el 2026.

Al parecer, la “motosierra” ha sido sumamente eficiente para recortar gastos, pero no tanto para convencer a los técnicos del Fondo de que los precios se quedarán quietos mientras el desempleo escala al 7,2%.

Así, Caputo llega a Washington no como el alumno ejemplar que trae la tarea terminada, sino como el negociador que debe explicar por qué los números no cierran mientras intenta destrabar un desembolso de 1.000 millones de dólares.

 

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