Tarjetas vencidas

Javier Milei atraviesa su hora más crítica frente al poder económico real tanto nacional como internacional y no logra afirmarse ante un futuro que asoma complejo y agotado.

 

Pasado el impacto inicial de su llegada al poder, el idilio con los mercados y el establishment empresarial ha comenzado a mutar en una impaciencia palpable. El denominado “círculo rojo” doméstico, liderado por figuras de peso como Paolo Rocca, ha pasado de la observación expectante a la acción directa, acelerando armados políticos paralelos ante la evidente fragilidad legislativa del oficialismo. La parálisis en el Congreso, donde las reformas estructurales naufragan por falta de votos y pericia negociadora, ha dejado al descubierto que el crédito electoral obtenido en las urnas se agota más rápido de lo previsto.

A nivel internacional, la desconfianza ha reemplazado al entusiasmo inicial de Wall Street. Si bien el ajuste fiscal de Luis Caputo es reconocido por su rigor, los grandes fondos de inversión y organismos multilaterales en Washington plantean un interrogante sombrío: la sustentabilidad. Las dudas sobre la capacidad de Argentina para afrontar los pesados vencimientos de deuda hacia 2027, en un contexto de creciente conflictividad social y debilidad institucional, han enfriado las promesas de inversión. El reciente viaje presidencial a Nueva York, lejos de consolidar lazos, dejó un sabor amargo entre los líderes del establishment mundial, quienes percibieron una desconexión entre la retórica del mandatario y la realidad política de un Gobierno que no logra imponer su agenda.

Hoy, la gestión de Milei baila al ritmo de una incertidumbre que él mismo alimenta. La prenda de negociación con los gobernadores, fondos a cambio de leyes, revela un sistema que se resiste a ser doblegado por el “fetiche” de la reforma electoral. Sin mayorías parlamentarias y con aliados que, como reconoce Patricia Bullrich, dudan en dar apoyo, el Presidente se enfrenta al desafío de demostrar que su modelo es algo más que una seguidilla de anuncios mediáticos. El poder económico, ese motor que Milei pretendía liberar, hoy observa con cautela un horizonte donde la falta de certezas sobre el futuro inmediato pesa mucho más que los superávits del presente. La industria pesada enfrenta una crisis terminal con una caída del 8,7% y el cierre de miles de empresas, agravada por ataques presidenciales a figuras como Paolo Rocca. Mientras tanto, el FMI aprobó recientemente un desembolso de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, persiste la desconfianza global sobre la capacidad de pago argentina ante un muro de vencimientos de 19.000 millones de dólares previstos para 2027.

 

 

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